Zampini, Estevanéz, y el éxito de “Dulce Amor”

Dulce amor estaba destinada al horario de la tarde, pero Tomás Yankelevich apostó a que pegaría el salto y lo programó en el prime time de Telefe. La historia protagonizada por Carina Zampini y Sebastián Estevanez recibió críticas duras, como que debería ser una parodia por lo predecible de su trama, y sin embargo... Desde que empezó, el 23 de enero creció y el miércoles pasado marcó 18.5 puntos de promedio, mientras que Lobo, la tira estrella de El Trece, parece un herido grave con 12.8.



Victoria Bandi (Zampini) es la heredera de la fábrica de golosinas más grande del país, y, como todos los ricos de novela, necesita ser rescatada. Para eso llega a su vida Marcos Guerrero (Estevanez), ex corredor de carreras que se convierte en su chofer. Los actores aseguran parecerse a sus personajes: “Nosotros también nos hicimos bien de abajo”, jura Estevanez, que también dice divertirse con el galán “popular” que le tocó en suerte.
 Aunque los dos están convencidos de que el trabajo no pasa por el rating, disfrutan del “mimo” de los números, que los acompañan .
 —¿Cómo tomaron la noticia de que iban a ir a la noche?
 ZAMPINI: Fue una buena noticia, y nos tomó por sorpresa. El programa iba a ir a la tarde, pero ya no está tan determinado qué programa va a la tarde y cuál va a la noche. Desde el principio, estaba claro que iba a ser una novela tradicional, blanca, con partes divertidas, en tono de comedia, y eso se respeta aunque cambie el horario.
 —¿Sienten que tienen más responsabilidad por la competencia del prime time?
 Z: La responsabilidad la asumimos en diciembre, cuando el programa no tenía ni aire. El grupo por suerte es muy responsable, comprometido y profesional. Igual, todo el equipo de Dulce amor le pone huevo con laburo, con respeto y con trabajo. Ir a la noche fue un incentivo más fuerte, pero vamos con el día a día. El rating no depende de nosotros, nos excede.
 —¿Tenían miedo de competir con “Lobo”?
 ESTEVANEZ: No, la competencia está en todos los horarios. Nosotros estamos contentos de que la gente vea la novela, pero queremos que les vaya bien a Lobo y a todas las ficciones. Si le ganamos, mejor, pero eso no quiere decir que queremos que les vaya mal.
 Z: No se puede ignorar el rating porque de eso depende la continuidad del laburo, tanto la nuestra como la de Lobo. Sabemos que dependemos de que la gente acepte el producto para poder seguir trabajando. No creemos que tener un programa exitoso dependa de ganarle a Lobo. El éxito de este programa tiene que ver con la aceptación del público.
 E: El rating es el Diablo, porque determina la novela, pero va más allá de eso. Por suerte, la gente nos está acompañando y nos está yendo muy bien, pero lo importante es que nos gusta lo que estamos haciendo y estamos contentos con el producto.
 —¿Y qué va a pasar cuando vuelva Tinelli?
 Z: Honestamente, más allá de que uno sabe de las inestabilidades del rating, la vuelta de Tinelli no es algo a lo que tenemos miedo. Es un productor que hace su programa desde hace años y siempre le va bien, pero veremos qué pasa.
 —Si bien la gente los está acompañando mucho, la crítica no tanto…
 Z: Todas las críticas nos sacan como lo mejor de la semana. Pero si hay críticas malas, más allá de lo que hayan dicho, la crítica es la crítica y hay que respetarla como tal.
 E: Si hay críticos a los que les gusta y otros que no, eso está buenísimo. Igual, a mí me llamaron muchos colegas para decirme que la novela les gusta, gente que nunca me ha llamado. No digo que no me interesa la crítica porque sería un pedante, pero la verdadera crítica es la calle. Estás en el supermercado y se te acerca y te dice lo que piensa, ahí está la posta. Qué mimo más grande podés tener que se te acerque una señora y te diga: “Ay, te quiero abrazar”. El rating es la gente, trabajamos para ellos. Si no te interesa el rating, no te interesa la gente.
 Z: Es como hacer una obra de teatro y que no te vaya a ver nadie.
 E: Es un mimito, a la mañana; si dormiste cuatro horas te levantás más rápido. Es una palmadita en el hombro y no te pasa siempre.
 —¿Cómo se llevan como pareja protagónica?
 Z: Nos llevamos muy bien, porque somos muy similares.
 E: Nos hicimos de abajo. Y creo que a los personajes les pasó lo mismo. Marcos se hizo de recontra abajo y Victoria, aunque tenga plata, también, porque se le murió el papá cuando era chica y se hizo cargo de todo.
 Z: Los dos venimos de lugares en los que la vida fuera del trabajo es parecida. Venimos de familias trabajadoras, en las que los valores están puestos en ciertos lugares y eso es lo que nos forma y nos enseña a mirar el entorno. Somos simples a la hora de trabajar y nos escuchamos el uno al otro, y el tiene cosas que me sirven para crecer.
 —¿Por ejemplo?
 Z: Yo nunca en mi carrera toqué la cuerda de la comedia, y él tiene una libertad y una frescura para proponer cosas que yo tomo y me divierte, porque es un lugar que desconozco.
 —Sebastián, ¿qué aprendés de trabajar con Carina?
 E: Ya estar con ella me viene bien. La quiero como persona y la admiro como actriz.
 Z: Nos disfrutamos.
 E: Nos pasa lo mismo con el grupo de trabajo; es como cuando se da en el colegio una división que se lleva bien.
 Z: A veces me levanto a las cinco de la mañana, y son las 11 de la noche y me quiero ir a dormir, pero me quedo mirando el capítulo. Porque al otro día comentamos todos lo que vimos.
 E: Lo estamos viviendo con pasión, estamos todos copados con la novela.
 —Se habla de la pareja que hacen como “el groncho y la dama”. Sebastián, ¿cómo te sentís siendo el groncho?
 E: Marcos es un pibe de barrio, está buenísimo. Me divierte. Estamos todo el tiempo tratando de no tentarnos porque tenemos que meter 45 escenas por día y la tentada a veces no la podemos parar. Lo que me gusta del personaje, que si Dios quiere lo voy a transitar durante un año, es que sea relajado y divertido. Me encanta porque mi personaje está lleno de vida, de alegría, de felicidad.
 —¿Marcos se te parece?
 E: Todo. Pero Marcos no tiene filtro y yo sí (risas).
 Z: El es un antigalán y mi personaje es una antiheroína. Tiene rasgos que no se condicen con la heroína clásica, no cumple con los requisitos básicos de una heroína de telenovela. No es afectuosa, no es demostrativa, no se muestra sensible. Es dura y distante y se afloja y aprende a descubrirse gracias a Marcos.
 —¿Victoria es la Ricardo Fort de la ficción?
 Z: No, Victoria es la que se hace cargo de la fábrica, que se pasa horas ahí adentro, no creo que sea el mejor ejemplo (risas).

Fuente: perfil.com

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