Carina Zampini: "El amor es una entrega sin rebusques"

Es una de las protagonistas de Dulce amor, la nueva novela de Telefe; radiante, bellísima y muy agradable, se abrió a una charla de mujeres en la que confesó que su separación fue un despertador que le permitió abrir los ojos hacia una nueva vida

Volvés a la tele con una novela, ¿qué hizo que aceptaras el personsaje de Victoria en  Dulce Amor  ?

Es un proyecto que viene desde hace bastante tiempo, porque hicimos un piloto con Quique Estevanez pero después se fue postergando.




Yo soy feliz y estoy contenta porque tenía ganas de trabajar con Quique. Con él había hecho un unitario (  Decisiones de vida  ), y hace muchos años hice un capítulo de  Infieles  , pero nunca una tira. Y también tenía ganas de trabajar con Sebastián, su hijo. Es un sol, es una persona preciosa.

 Contanos sobre Victoria, tu personaje...

Si bien es un personaje de buena y de heroína, que son, a mi criterio, los más aburridos para hacer porque son más lineales, este rol no es lineal porque es una mujer muy estructurada, que tiene a su cargo muchas cosas: la empresa, su familia, y tiene ya 35 años. Ella entiende que la vida es eso y está bien que sea así. Tiene un novio que es divino, es un amor, muy buenmozo -lo interpreta Segundo Cernadas (Lorenzo)- y que cubre todas las cualidades que debe cumplir para una persona como ella. No conoce que la vida es otra cosa. Y de pronto aparece Marcos, que es el personaje de Sebastián, el chofer de Victoria, que le muestra la naturalidad, le muestra que hay cosas a las que ella no les presta atención y la despierta.

 Decís que el personaje de Marcos la despierta a Victoria. ¿Te pasó eso en la vida?

Sí, no necesariamente que un hombre me despertara, pero sí.

 ¿Y sos adaptable a esos cambios que te propuso la vida?

Sí, soy adaptable. De hecho creo que estoy bien por eso, por haberme adaptado. Sí, sentí eso hace un par de años, cuando tuve muchos cambios personales. Después de muchos años en pareja con el papá de mi hijo, me separé; entonces, con 30 y pico de años, me encontré en una vida diferente y logré reconocerme a mí misma, redescubrirme en muchas cosas porque una no es la misma persona después de 12 años. Eso hizo que me despertara a otras cosas. Se me ampliaron los horizontes, empecé a estar mucho más conectada con el mundo interno, con cosas que tienen que ver más con lo sensible. Desde ese lugar, sí me pasó.

 ¿Hoy te sentís feliz?

Sí. Trabajo para estar feliz conmigo misma y vivir mi felicidad con lo que me rodea y que las cosas no me desestabilicen.

 Y eso se refleja en el exterior, porque se te ve realmente muy bien...

Me parece, creo, que el cuerpo es un envase y lo que hay adentro es lo que hace que el cuerpo brille o no brille. Yo estoy en un momento en el que me siento feliz, plena, estoy en paz, en calma, y eso debe ser lo que se ve.

 ¿Cómo compatibilizás el trabajo con tu rol de madre?

Es algo que hago desde siempre y entonces lo tengo más o menos claro. Trato de estar siempre presente, más allá de las horas que esté afuera de casa, porque hacer una tira te demanda muchas veces estar 12 horas afuera. Estoy, comparto con mi hijo, si puedo entro más tarde y lo llevo al colegio o salgo más temprano y lo paso a buscar, estoy detrás de lo que hace, de cómo está. Cuando yo no estoy, está con mi mamá que se queda y lo cuida. Hoy tiene 13 años y tiene la necesidad de hacer cosas que, la verdad, me parece que está complicado para que las haga en el mundo externo. Quizá yo a los 13 años las hacía, pero trato de ser precavida y lo hablo con él y le explico.

 ¿Sos una mamá miedosa?

No, no soy miedosa. No es que no le permito hacer cosas que corresponden que haga porque soy temerosa. Trato de ser realista. Mi hijo el año pasado me pidió que quería ir a la matiné de un boliche y le dije que no. Le propuse que trajera a todos sus amigos a casa, se quedaran hasta las cinco de la mañana si querían, pero es preferible que estén cerca y les hago unas hamburguesas a la parrilla.

 ¿Sos cocinera?

Sí, me gusta mucho cocinar. Me gusta todo lo que tiene que ver con el trabajo manual en la cocina. No me parece divertido hacer una carne al horno, pero me engancho preparando pastas caseras. Me gusta mucho la repostería, los huevos de pascua. Tengo épocas. En un momento se me dio por hacer pan casero y entonces hice todo tipo de pan. Me parece terapéutico. Me divierte hacerlo, pero obviamente cuando tenés el tiempo para hacerlo. Hago de todo, soy multiuso. No dependo del otro, siempre intento resolver primero y, si no puedo, recurro al que corresponda.

 Dicen que los hijos vienen a este mundo a enseñarles cosas a sus padres sobre ellos mismos. ¿Ya descubriste qué te vino a enseñar tu hijo?

Mi hijo es una persona muy especial, porque tiene cosas que son compatibles con su edad y otras que no lo son. Es muy compañero. Creo que él es el que hizo que la relación que nosotros tenemos sea así. Nosotros somos los dos solos, estamos mucho tiempo juntos y somos compañeros, y creo que él generó eso, no es algo que impuse o enseñé yo. Siento que él propuso esta relación.

 Cuando estás sin trabajar, ¿sufrís por no estar trabajando o disfrutás de tu tiempo libre?

En otros momentos, cuando dejaba de trabajar, me costaba un par de meses aplacarme. Me acuerdo de que la anteúltima vez terminé de trabajar y al otro día compré pintura y pinté toda la casa. Después entraba en algo más aletargado y ya cuando tenía que volver, no quería. El 2010 fue diferente con este cambio de vida general para mí, yo venía de una seguidilla de acontecimientos muy intensos: me separé, enseguida me fui a Mar del Plata a hacer temporada y era la primera vez que lo hacía, me mudé allá con mi hijo, iba y venía para que lo viera a su papá y en el medio organizaba el colegio, reservaba el transporte, le pasaba la lista a mi mamá para que me ayudara desde Buenos Aires con las cosas del cole y llegué acá en marzo, a los dos días empecé a grabar  Malparida  y estuve todo el año así. Cuando terminó la tira, fue un alivio, quería estar en calma y lo disfruté desde ese lugar. Y en esas cosas que yo redescubrí de mí, una de ellas es que puedo estar en mi casa sin hacer nada. Descubrí que me gusta leer o dormir la siesta a veces. Yo tenía en mi cabeza que había cosas que no podía hacer y encontré que sí.

 ¿Sentiste alguna vez que te tocó la varita mágica en lo laboral? Sos una de las pocas que, desde que comenzó, lo hizo en un papel protagónico.

Sí, yo me siento una actriz con suerte.

 Por supuesto, después hay que ponerle talento y trabajo.

Sí, pero yo creo que hay gente que debe ser mucho más talentosa que yo, pero no sabemos quiénes son. Yo tuve la suerte de trabajar en un programa en el que entré para hacer sólo 15 capítulos y el personaje tuvo tal éxito que siguió y después lo revivieron en otra novela, duró tres años en la pantalla y me dieron un Martín Fierro.

 ¿Se te subió la fama a la cabeza en ese momento?

No, eso no me pasó, pero sí me costó convivir con la popularidad. Yo vivía en Haedo, igual que ahora, y me iba a trabajar a Canal 9 en Palermo en el colectivo 166. Me iba a las 6 o 7 de la mañana, volvía a mi casa a las 11 de la noche, me subía al colectivo y estaba una hora con la gente que no paraba de hablarme del personaje, sin saber qué era eso, era difícil porque no tuve un crecimiento paulatino. A eso sumale que era mala y en la calle me insultaban, era mucho.

 Retomemos el tema de la novela nueva. ¿Cuál es tu definición de un dulce amor?

Mi definición del amor, pongámosle dulce si querés, tiene que ver con compartir sanamente la vida con alguien. Con compartir la vida de uno con la vida del otro, no vivir la vida del otro. Tiene que ver con eso y con entender, en todas las relaciones, no sólo las de pareja, los vínculos desde una libertad sana; que uno pueda ser uno con el otro y el otro, lo mismo; que uno no termine modificándose por las necesidades de sostener los vínculos. El amor para mí es una entrega sin rebusques ni problemas culturales establecidos. Creo que en muchas cosas somos producto de lo que hemos aprendido culturalmente. Ni siquiera pensamos muchas veces si sentimos lo que creemos sentir o sentimos eso porque así debe ser. Creo que aprendimos que las relaciones son esa cosa de pertenencia y de estar pegados; formás una pareja y el otro no se puede ir de vacaciones con amigos porque está con vos, y la verdad es que es mi pareja, pero tiene amigos también. Que esté en pareja no quiere decir que uno deje de vivir. Para eso creo que uno tiene que tener una búsqueda personal donde sepa quién es y qué quiere. Y ahí deja de poner en el otro las inseguridades y los reclamos.

 ¿Hoy compartís tu vida con alguien, además de tu hijo?

Estoy compartiendo mi vida con alguien; sin más datos. Estoy aprendiendo a poner en práctica todo esto que pienso sobre el amor.

Fuente: revistamaru.com

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