Cris Morena en Revista Paparazzi

A quince meses de la muerte de su hija Romina, la productora aceptó la invitación de una amiga y se permitió disfrutar unos días de playa en La Boyita, donde es vecina de Marcelo Tinelli. Está soltera, pero rodeada de afectos. Aunque no da entrevistas, trascendió cuáles son sus planes laborales para 2012.

Romina es presencia pura, en todo momento. No la recuerdo, la siento, la vivo, le sonrío, la saludo cuando me despierto, le hablo, le pregunto, la escucho en todo lo que digo, veo, siento y percibo. Se me cayeron todas las vendas y velos que me quedaban, me quedé desnuda frente a mi destino y potencié todo lo que venía eligiendo desde que nací”.



Este es un extracto del único testimonio público que tuvo Cris Morena (56) luego de sufrir la inexplicable muerte de su hija Romina Yan, a los 36 años, en septiembre de 2010. El texto, escrito por la productora, salió publicado en la revista Viva, de Clarín, en diciembre de aquel doloroso año. A partir de allí, la genial creadora de productos infantiles y adolescentes se llamó a silencio bajo el amparo de sus seres queridos: su ex marido y padre de Romina, Gustavo Yankelevich; su hijo Tomás; el hijo de éste, y en los otros tres nietos que le dejó Romina, frutos de su feliz matrimonio con Darío Giordano. “Mis cuatro nietos son el futuro, son toda la humanidad, para la que quiero sentir, existir, vivir, en ellos están representados todos los niños de esta tierra”, escribió Cris en aquella emotiva carta. En este tiempo, aceptó su separación de quien fuera su compañero en los últimos años, el empresario Fernando Espinasse. En septiembre, le inició acciones legales a una publicación que descontextualizó una imagen suya, y ganó una suma de dinero que donó a la Fundación CONIN, que lucha contra la desnutrición infantil. Y en diciembre, viajó junto a Marcelo Tinelli y toda su familia a la ciudad de Bolívar, para el homenaje que el conductor de ShowMatch preparó en memoria de Romina, bautizando con su nombre el pabellón pediátrico del hospital de la ciudad.

Esa sonrisa. Si bien la familia Yankelevich viaja seguido a Punta del Este, siempre lo hace en época de baja presencia turística. En números, hacía siete veranos que Cris no pisaba las playas uruguayas, y sólo la insistencia de su amiga Karin finalmente la convenció de viajar, para pasar los primeros días de 2012 entre el mar y la arena uruguaya. Su idea era evitar la prensa, pero una vez llegada se percató de que en ese desierto que es el balneario de La Boyita, su vecino es nada menos que Marcelo Tinelli. Junto a Karin, sus hijas y un grupo de amigas, Cris pasa las tardes dedicada a broncearse entre camastros y cuatriciclos. A menudo, camina por la orilla junto a India, la hermosa perra labradora de su anfitriona. “Estoy muy bien, muy fuerte, gracias por preguntar”, responde ella cuando se la saluda. Y mantiene su postura de no dar entrevistas. “Todavía no está lista”, explican quienes la conocen. Se sabe que durante este tiempo no dejó de trabajar y escribió muchas canciones. Su regreso a la televisión sería este año, pero se daría muy posiblemente en una cadena del exterior. Mientras, Cris se permitió otra vuelta… a la sonrisa. Y eso es motivo de celebración, porque se la extrañaba.


EL PRESENTE Y EL RECUERDO. Cris no es la única de la familia que se encuentra en Punta del Este. Gustavo Yankelevich y su pareja, Rossella Della Giovampaola, almorzaron en La Huella, de José Ignacio. Tomás descansa con su mujer, Sofía Reca, y su hijo Inti, en la zona de Solanas. Cris, que se aloja en una chacra de La Boyita, habla a diario con ellos.


DULCE CHIQUITITA. Separada del empresario Fernando Espinasse, Cris se refugia en el afecto de su familia y amigas. Por las tardes, camina en La Boyita y juega con India, una simpática labradora que pertenece a la dueña del lugar.


Fuente: Paparazzi Online

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