Super Torpe: La revelación que llegó desde China

Hangzhou está ubicada unos 180 kilómetros al sur de Shanghai, sobre la costa este de China. Es una ciudad relativamente pequeña, de hermosos paisajes, muy turística. Allí se encuentra el centro deportivo de alto rendimiento al que Chen Min se mudó con apenas ocho años de edad, alejándose de su casa y de su familia, para dedicar su vida al Wushu, el arte marcial chino. No podía imaginar, por entonces, que 18 años después las vicisitudes de la vida la convertirían en la revelación de la comedia adolescente Supertorpe (a las 18, por Telefe).



Chen aprendió a manejarse con independencia desde muy chica, cuando comenzó a recorrer el país como integrante de la selección provincial de Wushu. A los 16, ya integraba la selección nacional y era considerada una atleta de élite por su gobierno. Representando a China, ganó medallas en Asia, en Europa y en los Estados Unidos. “Mi disciplina me dio la oportunidad de conocer todo el mundo, menos Sudamérica, por eso vine a la Argentina”, cuenta Chen en un castellano perfectamente comprensible. La idea de venir a estudiar español, reconoce, era sólo la mitad de la cuestión. El otro 50 por ciento recae en Hong Wen Wu, su actual marido.

Hong nació en China y migró a la Argentina cuando era un niño. Se nacionalizó. En 1999 se conocieron en una competencia en la que ambos representaban a sus respectivas selecciones, y un año después eran novios. Cuando ella se retiró del deporte profesional, fue él quien la convenció de que la Argentina era un excelente destino. Y en febrero de 2007, Chen arribó a Ezeiza.

Lo primero que se propuso, al establecerse, fue empaparse de argentinidad. Mientras estudiaba español en la Universidad de El Salvador, hizo un curso sobre la cultura del tango, otro sobre leyendas y mitos locales. “Para mí, conocer la cultura, incorporar la sociedad, fue una base importante. Vivo acá hace más de cuatro años, y ya me siento argentina”, admite. En febrero de 2008, el matrimonio fundó la escuela Club Argentino de Wushu. “Siempre intentamos que nuestros alumnos disfruten las clases mientras aprenden -se enorgullece-. No es sólo una disciplina, sino también nuestra cultura”.

Sin saberlo, la escuela luego se convertiría en la puerta por la que Chen entró a la televisión. “Yo participé de Supertorpe por mis alumnas, que trabajaban en Disney y yo no sabía –cuenta-. Un día llegué a una clase y me dijeron que tenía que ir a un casting, que había un papel para mí. Yo no sabía ni qué era papel en ese momento”.

Chen ya había tenido un acercamiento a las pantallas: fue coreógrafa de artes marciales en la película La maldición de la flor dorada , de Zhang Yi Mou, y había grabado unos micros sobre Wushu para el canal Utilísima. Pero nunca se le había ocurrido ser actriz. “Hay demasiado arte marcial en mi carrera, pero actuación, cero”, se sincera y lanza una carcajada.

“Yo estoy muy agradecida de poder utilizar todo lo que aprendí durante mi vida en un proyecto tan importante de la televisión argentina. Y también, por suerte, que a los nenes les guste”. Chen reconoce que al principio se sentía un poco perdida frente a las cámaras, pero poco a poco fue tomando confianza. “Me gustaría seguir con esta carrera totalmente nueva para mí, seguir aprendiendo. Además, me encantan los programas para chicos que son sanos”.

Fuente: Clarin

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